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El valor del docente contemporáneo

Elucubración III

Vivimos en la época de mayor abundancia de información de la historia. Nunca había sido tan sencillo acceder a ideas, datos, investigaciones y explicaciones sobre casi cualquier tema. Hoy basta con formular una pregunta para obtener una respuesta en cuestión de segundos.

Paradójicamente, cuanto más fácil resulta acceder a la información, más difícil parece distinguir entre comprender y simplemente haber encontrado una respuesta.

Internet y la inteligencia artificial son herramientas extraordinarias. El problema no radica en ellas, sino en el uso que hacemos de ellas. Una respuesta inmediata no equivale a una respuesta correcta. La información, por sí sola, no produce comprensión. Para convertirse en conocimiento necesita contexto, interpretación y pensamiento crítico.

En este mundo de información abundante, el recurso verdaderamente escaso ya no es el conocimiento, sino el criterio para comprenderlo. Precisamente ahí reside el valor del docente contemporáneo.

Su labor ya no consiste principalmente en transmitir información, sino en hacerla comprensible. Seleccionar, contextualizar y relacionar aquello que merece ser aprendido. Ayudar a distinguir entre datos, información, conocimiento y criterio. En otras palabras, el docente contemporáneo ya no compite contra Internet ni contra la inteligencia artificial. Compite contra la superficialidad, la desinformación y la ilusión de creer que comprender consiste únicamente en obtener una respuesta.

Quizá enseñar siempre haya consistido en lo mismo: acompañar a otra persona en el proceso de transformar información en conocimiento, y conocimiento en criterio.

Por eso sigo pensando que la mejor metáfora del docente es la de un ave alimentando a sus crías: Las aves no regurgitan el alimento porque sus crías sean incapaces, sino porque aún no están preparadas para procesarlo por sí mismas. Del mismo modo, el docente no simplifica el conocimiento para impedir que el estudiante piense; lo hace para ofrecerle un punto de partida desde el cual pueda comprender, cuestionar y construir un criterio propio.

El mejor docente no es aquel que transmite más información, sino aquel que forma personas capaces de pensar por sí mismas. Cuando eso ocurre, el conocimiento deja de ser algo que otro debe hacer comprensible y se convierte en una conquista personal.