Sobre leer y escuchar
Durante mi infancia tuve la dicha de vivir un sinfín de aventuras con mis hermanos, primas y primos: mis camaradas. Las más vívidas que recuerdo son las historias leídas en voz alta por la mayor de mis primas, alrededor de una fogata improvisada. El segundo jueves de cada mes, bajo el cielo despejado y el cálido ambiente propio de las áreas secas del «país de la eterna primavera», unos más que otros, disfrutábamos de escuchar lecturas amenas. Si hablara el terreno baldío contiguo a la casa de mis padres, sería un magnífico narrador de historias inconexas.
La palabra está impregnada de afectividad. Escuchar puede convertirse en toda una aventura. —Isabel Fernández Morales
Escuchar literatura en voz alta no tiene nada de místico o esotérico, tampoco es un rasgo generacional inherente. Hasta finales de la Edad Media, por lo menos, la literatura fue, sobre todo, escuchada. Es curioso que esa tradición se haya recuperado de forma exponencial durante esta década.
El arte de escuchar
A modo de resumen, Isabel Fernández Morales, periodista especializada en documentación y tecnologías de la información, expone en su ensayo Podcasting, tú tienes la palabra varios puntos interesantes sobre las bondades de las producciones sonoras relacionadas con la literatura y el podcasting:
Leer literatura estimula ambos hemisferios del cerebro: el izquierdo, encargado del lenguaje, la lógica, las secuencias, las partes y el análisis; y el derecho, asociado a la imaginación, la globalidad, la música, el ritmo y lo visual-espacial. Escuchar literatura estimula el hemisferio derecho, capaz de identificar los diversos tipos de entonación y de otorgarles valor.
Escuchar un libro es toda una vivencia y, por ejemplo, en los niños aún no iniciados en la lectura, posibilita la relación dialogal entre el adulto y el niño pequeño. Lo invita a apropiarse del poder de leer; no como un ejercicio arduamente ensayado, sino como un juego que conjuga entonación, memoria e imaginación sensorial. Al leer el libro repetidamente, codo a codo con la voz del adulto (o de niños mayores), el prelector sabe dónde aparecen las palabras, las sitúa en ese espacio página, lo guía la memoria visual y el índice, recorriendo las líneas, las ilustraciones, su memoria auditiva y su contacto afectivo.
El podcasting y las producciones sonoras sobre literatura pueden, además de fomentar la lectura y la escucha, ir más allá y recuperar un oficio olvidado: el arte de leer. No las técnicas y prácticas de aprendizaje lector, sino la cadencia, el ritmo, la entonación y la expresión de un lector que quiere contar, cantar, encantar a un grupo expectante. Sin duda, el podcasting y las producciones sonoras sobre literatura son herramientas utilísimas para promover la lectura en voz alta y sus valores.
También están los audiolibros. Un audiolibro, generalmente, es la grabación de los contenidos de un libro leídos en voz alta: un libro hablado. Es un medio útil cuando la lectura directa no es posible, pero también es una forma de conservación y una manera de disfrutar de la literatura realizando otras actividades: caminar, conducir, cocinar o recostarse y descansar con la luz apagada. A veces los audiolibros son versiones reducidas, a veces la voz es generada por computadora, otras es humana, y en las mejores producciones participan actores e incluyen efectos y música. Existen producciones privadas que se comercializan, grabaciones provenientes de la radio y audiolibros realizados por comunidades de usuarios que los distribuyen mediante podcasting.
Con Internet, la tecnología de podcasting, la innovación en producciones sonoras y la proliferación de dispositivos de escucha digital, su difusión ha aumentado. En países desarrollados y en vías de desarrollo es habitual encontrar personas escuchando libros mientras caminan por la calle, conducen, viajan en autobús o esperan a alguien. Este sistema está empezando a consolidarse. Probablemente su difusión continuará ampliándose a medida que se popularice más la escucha y descarga de audios.
Texto vs. Audio
En el blog La Piedra de Sísifo han tratado con propiedad y avidez (1, 2, 3 y 4) este tema complejo sobre gustos y preferencias de lectura que, en la mayoría de los casos, genera opiniones a favor y en contra: a veces mesuradas, a veces radicales.
Alejandro Gamero y compañía invitan al lector a reflexionar que lo importante no es tanto cómo se lee, sino animar a leer, independientemente del formato o medio. La narrativa transmedia es una forma perfecta para fomentar la lectura entre los jóvenes, y no deberíamos dejar de reconocerlo solo porque nos hayamos empeñado en mitificar el libro impreso. Significa que la perspectiva simplista de los amantes del papel —que no aceptan los audiolibros como «libros»— desaparecerá a medida que la narración sea más sencilla, predecible y familiar. Por más aversión cultural que exista, escuchar un libro es también leerlo: nuestro cerebro no distingue la fuente de las palabras.
Este frente a frente no es nada nuevo, pues ya fue planteado por «el maestro de Grecia». De acuerdo con Maryanne Wolf, en su libro Cómo aprendemos a leer, Sócrates fue un vigoroso detractor de la palabra escrita frente a la cultura oral a la que pertenecía.
En primer lugar, Sócrates postulaba que la lengua hablada y la escrita desempeñaban un papel diferente en la vida intelectual del sujeto; en segundo lugar, consideraba que las nuevas —y mucho menos rigurosas— exigencias de la lengua escrita colocaban tanto a la memoria como a la interiorización del conocimiento en una situación catastrófica; y, por último, propugnaba con vehemencia el papel exclusivo de la lengua hablada en el desarrollo de la moralidad y la virtud social.
Él creía que, al contrario del «discurso muerto» de la lengua escrita, la lengua oral o «discurso vivo» estaba formada por entidades dinámicas —llenas de significado, sonido, melodía, énfasis, entonación y ritmo— listas para ser desveladas, capa a capa, mediante el análisis y el diálogo. Por el contrario, la palabra escrita no podía responder. La rígida mudez de la palabra escrita condenaba al fracaso el proceso de diálogo que Sócrates consideraba la esencia de la educación.
En mis ratos libres me gusta analizar temas que generan discrepancia, con el objetivo de comprender la percepción de cada grupo. El debate sobre el formato y medio de consumo de lectura no tiene fin: no hay ganador. Desde mi humilde opinión, perdemos más de lo que ganamos en discusiones infructuosas y en limitarnos a un solo formato. En lo personal, me considero un lector todoterreno: disfruto leer con la misma intensidad extractos de texto en notas adheridas al refrigerador que el Criptonomicón; también disfruto escuchar unos cuantos baits de sonido generados por voz sintética de un artículo con ciberanzuelo, como escuchar la versión sonora de Homo Deus.
No soy lector melindroso para evitar el empacho.
El potencial de los audiolibros y pódcast en diversos ámbitos es evidente. Por ejemplo, en el ámbito académico percibo su utilidad para mitigar la lectura impositiva a la que todo estudiante y profesional en formación está expuesto desde temprana edad.
Escribir para que te escuchen
En esta época temprana de cúbits, el tiempo es un activo intangible escaso. Si bien leer es tan bueno precisamente porque es antinatural, recurrimos a escuchar porque, además de ser natural y provechoso, permite realizar otras actividades al mismo tiempo, requiere menos concentración y resulta más eficiente en esta era de tiempos raudos.
Hablando de tiempos raudos y del culto a la eficiencia: las aplicaciones y servicios web que permiten administrar listas de lectura obtenidas desde Internet han crecido exponencialmente desde que incluyen sistemas para convertir texto en voz sintética.
Esta tendencia ofrece a quienes escribimos bitácoras de forma altruista la oportunidad de ser más leídos, pero también exige mayor esfuerzo previo a la publicación: investigación más profunda, textos pulcros, escuchar el borrador con voz propia o sintética y correcciones enfocadas en la fluidez de lectura. Un enfoque holístico, quizá.
Llevo más de un año l̶e̶y̶e̶n̶d̶o̶ escuchando noticias, reportajes, reseñas de películas, opiniones, entrevistas, libros y algunos artículos como el que estás l̶e̶y̶e̶n̶d̶o̶ escuchando en estos momentos. El resultado ha sido provechoso.
Espero que este escrito sea del agrado del lector, en el formato y medio con el que se sienta más cómodo.
Saludos.