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Entre intuición y datos

A mi familia y a mí nos está resultando más difícil de lo que imaginábamos el haber prescindido de los servicios de streaming por suscripción. La decisión no fue tomada a la ligera: para poder ajustar las finanzas tuvimos que eliminar varias suscripciones y algunos gastos hormiga que, poco a poco, estaban debilitando nuestro presupuesto. Tras el primer mes, los resultados empiezan a notarse. Pero la sensación de carencia también. Para mis hijas y para mí el cambio ha sido evidente; mi esposa, en cambio, nunca ha sido muy aficionada al consumo en pantallas, así que a ella este asunto —como suele decirse— "ni huele, ni hiede".

Este primer mes viendo televisión por cable también me recordó por qué dejé de verla hace años: demasiados anuncios, programación pensada en pivotar al espectador hacia nuevas suscripciones y una oferta que rara vez sorprende. En relación con el último aspecto, cada noche es como lanzar una moneda al aire; encontrar una buena película durante el zapeo es casi cuestión de suerte. La mayoría de veces son producciones de los años ochenta o noventa que ya conozco de memoria.

Hace unos días, el zapeo jugó a mi favor. Entre canal y canal apareció Sully: Hazaña en el Hudson (2016), la película que narra el amerizaje de emergencia del vuelo 1549 de US Airways en el río Hudson en 2009, pilotado por el experimentado aviador Chesley Burnett “Sully” Sullenberger III.

Más allá del dramatismo de la historia, la película plantea una tensión interesante: la confrontación entre el juicio humano y la confianza absoluta en los datos.

Tras el amerizaje —que salvó la vida de todos los pasajeros— el capitán Sullenberger fue sometido a una investigación técnica en la que simulaciones computacionales sugerían que el avión podría haber regresado al aeropuerto. Los datos parecían indicar que existía otra opción. Pero los datos omitían algo difícil de modelar: el tiempo real de reacción, la incertidumbre del momento y la presión de tomar una decisión en segundos.

Sullenberger decidió amerizar basándose en su experiencia, su criterio profesional y su intuición como piloto. No fue una decisión estadística; fue una decisión profundamente humana.

Y ese contraste —entre simulaciones perfectas y decisiones imperfectas— no pertenece sólo a la aviación. Es, en realidad, uno de los grandes dilemas tecnológicos de nuestro tiempo.


Durante años hemos depositado una confianza creciente en los macrodatos (Big Data) para entender el mundo. Con la expansión de Internet, las redes sociales y los dispositivos conectados, el volumen de información disponible ha crecido hasta niveles antes impensables. No por nada Andrés Oppenheimer llamó a los datos “el oro del siglo XXI”.

Hoy vivimos una nueva etapa: la era de la inteligencia artificial generativa, impulsada en gran medida por los modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM). Entrenados con cantidades masivas de información, estos sistemas pueden producir textos, imágenes, código e incluso razonamientos complejos con una fluidez sorprendente. Pero su aparente inteligencia proviene de lo mismo: patrones del pasado.

Como explica Hannah Fry en Hola mundo: Cómo seguir siendo humanos en la era de los algoritmos, los modelos de inteligencia artificial son, en esencia, sistemas de predicción probabilística. No imaginan futuros radicalmente nuevos: extrapolan lo que ya ha ocurrido.

Las herramientas basadas en datos son valiosas. Ayudan a comprender tendencias, reducir incertidumbre y mejorar decisiones. El problema surge cuando confundimos los datos con la realidad completa.

Los datos explican el pasado. Las personas, en cambio, todavía podemos decidir el futuro. Y quizá, en ese margen entre lo que dicen los datos y lo que exige la realidad, sigue habitando la parte más humana de nuestras decisiones.

Tal vez por eso la historia de Sullenberger sigue resultando tan poderosa: porque recuerda algo que ningún algoritmo debería hacernos olvidar. Que, cuando todo ocurre en tiempo real y la decisión no puede esperar, todavía hay momentos en los que confiar en el juicio humano puede salvar un avión.


Tal vez hoy vuelva a tener suerte y el azar me lleve a encontrar una película distinta a Tango y Cash o Arma Mortal, algo que pueda servirme de inspiración. 😄✌️

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