Imaginemos por un momento IV
Imaginemos una línea recta en el tiempo. No nos detengamos al principio ni a la mitad, sino unos siglos después de la caída del Imperio Romano de Occidente, cuando distintos pueblos invadieron y transformaron Europa. Situémonos justo en la época en que el control de la tierra era el centro de todo: de la economía, del poder, de la vida misma.
En ese entonces, surgieron los señoríos feudales. El señor entregaba una porción de tierra a su vasallo a cambio de servicios y lealtad. A esas tierras se les llamaba feudos, y podían variar mucho en tamaño: algunos extensos como dominios enteros, otros más pequeños, resultado de divisiones hereditarias o acuerdos familiares.
Ahora demos un salto temporal. Regresemos al presente.
Pensemos en un espacio compartido, un terreno donde ciudadanos y empresas construyen, digitalmente, sus casas y edificios. Un terreno que no vemos, pero que sí existe —y tiene dueños. Seis, para ser exactos.
En este nuevo mundo, nosotros —los usuarios— ocupamos parcelas digitales: subimos nuestras fotos, escribimos mensajes, guardamos documentos, usamos aplicaciones... A nuestro alrededor, grandes empresas también alquilan espacio: redes sociales, plataformas de transporte, aplicaciones para tomar notas, servicios de almacenamiento...
Y todo ocurre en un terreno propiedad de seis megacompañías: Alibaba, Amazon, Google, IBM, Microsoft y Oracle.
Este terreno, conocido como la Nube, promete hacerlo todo más fácil, más rápido, más barato. Y lo logra. Pero si nos detenemos a observar, veremos que esta nube está dividida en seis grandes dominios. Seis latifundios digitales. Y como en aquellos tiempos antiguos, sus dueños deciden quién puede crecer, con qué herramientas, en qué condiciones.
Tal vez no tengamos castillos ni caballeros, pero seguimos siendo vasallos. Sólo que ahora, nuestros feudos son cuentas, servidores, datos.