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Lo viejo es genial, una vez más

Redescubriendo RSS

"Todas las desgracias del hombre se derivan…". Así iniciaba esta historia, con una cita de Blaise Pascal. Durante los días de confinamiento provocados por la pandemia de COVID-19, esta frase fue utilizada con frecuencia para describir a quienes no soportaban quedarse en casa a solas con su soledad. Es probable que Pascal no haya considerado que no todos los seres humanos comparten el refrán «el [ingresar animal] solo se lame mejor», incluso en situaciones de emergencia. Somos una especie racional, gregaria, exploradora, claustrofóbica y, sin duda, depredadora. Sin embargo, el elemento racional aún no impera sobre los demás para alcanzar consenso en torno a temas de interés común.

Con el paso del tiempo, los historiadores quizá concluyan que, a inicios de este siglo, el mundo había desarrollado una clase de expertos, políticos, activistas y opinólogos capaces de convertir cualquier asunto —incluso una crisis de salud pública— en una guerra cultural.

La pandemia fue, en su momento, una prueba de ciudadanía. En aquellos días, cada uno de nosotros debió elegir entre confiar en los datos científicos y en los expertos en salud, o ceder ante teorías conspirativas y políticos oportunistas. Esa elección definió mucho más que nuestra salud: definió nuestra libertad.

El ascenso y desaparición del RSS también es, en cierta forma, una historia de disenso.

Explicación Realmente Simple

El domingo dieciséis de febrero del año dos mil veinte fue un día triste para mí, para mi familia y para los familiares del lado de mi padre. Alrededor de las trece horas, vía telefónica, mi madre me dio la noticia del fallecimiento de uno de mis tíos. El velorio y las demás actividades se llevaron a cabo de la manera más ordenada y “normal” posible. Me hubiera gustado agradecerle —en vida— muchas cosas, pero lamentablemente tuvo que partir antes, rumbo al paso de la laguna Estigia, en compañía de Caronte.

Pasadas las diecinueve horas de ese mismo día, a pocos metros del velorio, cerca de un pequeño parque pintoresco, sostenía una conversación con tres familiares cuando el mayor de mis sobrinos se acercó y me interrumpió con una pregunta, quizá con la intención de distraerme:
—Oye, tío, ¿qué es RSS y por qué sigue siendo tan especial para los de tu generación?

Desconcertado, respondí sin mucha concentración:
—El RSS es como la cronología que observabas antes de hacerme la pregunta, sólo que inmóvil e igual para todos. Genera los mismos sentimientos que el VHS. Recuerda los episodios “El mejor VHS del mundo” y “La Antigua Orden del VHS” de Un show más.

Mi sobrino asintió levemente, aunque noté que le costaba procesar la respuesta.

Explicar qué es RSS no se resuelve con un simple “según Wikipedia”. Depende tanto del conocimiento técnico como de la edad de quien pregunta. Hace más de una década, para el usuario promedio de Internet —es decir, para quien tiene la edad del Bloc de notas 🙋‍♂️ o más—, el RSS era un término familiar. Hoy, expresiones como “Resumen Óptimo del Sitio” o “Sindicación Realmente Simple” podrían sonar a klingon en estos tiempos de líneas de tiempo dinámicas y heterogéneas. Pero no es más que un estándar que los sitios web y pódcasts utilizan para ofrecer contenido a sus usuarios, fácilmente interpretado por aplicaciones conocidas como lectores RSS.

El RSS, al igual que el correo electrónico, es una tecnología resistente que continúa potenciando muchas aplicaciones web. Con el paso de los años y la popularización de las redes sociales, ha quedado principalmente en manos de quienes se interesan por la tecnología de consumo no conspicuo, la privacidad, la web abierta y lenta, y el Internet artesanal.

Un tuit de hace ya varios años capturaba bien esa esencia.

El treinta de marzo de dos mil veinte, Brian Barrett, entonces Director Digital de WIRED, publicó “It’s Time for an RSS Revival”. Según Barrett, el objetivo del RSS es facilitar el seguimiento de las actualizaciones de nuestros sitios favoritos en un formato estandarizado, sin algoritmos ni tecnologías opacas de por medio. También destacó la utilidad de los lectores RSS para organizar el contenido disperso y convertirlo en algo manejable.

Barrett explicaba:

La diferencia entre recibir noticias de un lector RSS y recibirlas de Facebook o Twitter o Apple News es como la diferencia entre un bufé de Las Vegas y un menú a la carta. En ambos casos tú decides lo que quieres consumir, pero el bufé te da un mundo de opciones que, de otro modo, nunca habrías visto.

Lo viejo y lo lento es genial

En febrero de dos mil diecinueve, también en WIRED, Nitasha Tiku, escritora sénior, publicó “The Soothing Promise of Our Own Artisanal Internet”. El artículo abordaba el concepto de la Web Lenta y el Internet Artesanal. En esencia, Tiku proponía adoptar tecnología independiente y descentralizada para un recorrido digital más humano. Hablaba de aplicaciones web artesanales que permiten aprender, conectar o crear sin ser vigilados ni manipulados por intereses ajenos.

Internet, por su naturaleza viral, tiene la capacidad de hacer nuevo lo viejo o genial lo ordinario. Basta con echar un vistazo a BetaList, Product Hunt o GitHub para notar un nuevo brote de lectores RSS. Nadie habría imaginado este resurgimiento, ni siquiera quienes, hasta el día de hoy, continúan confiando en el RSS como herramienta principal de información.

La mayoría de quienes usamos RSS —me incluyo— nunca imaginamos que, tras el auge de las redes sociales y el cierre de Google Reader, esta tecnología tendría un segundo, tercero, cuarto... aire. Todo apuntaba a una desaparición lenta, relegada a podcasters, programadores y periodistas ocasionales.

Sin embargo, en su renacimiento, el RSS ofrece lo que las redes sociales no: un modo lento (excepto quizá Mastodon), cronologías sin sesgos algorítmicos, amplitud de horizontes, menos ruido, simplicidad y homogeneidad.

Houston, hemos encontrado una ley apócrifa en las tecnologías de consumo de contenido: coexistencia.

El hartazgo de lo mismo

Sobrecarga de información, falta de privacidad, publicidad dirigida, sesgo algorítmico, posverdad, los mismos temas de siempre… son solo algunos motivos por los que muchos han abandonado las redes sociales como fuentes de información. Pero hay un factor que supera a todos: los medios.

John Verdon, con un toque de Chomsky, lo resume en Deja en paz al diablo:

Los flujos de información son controlados por los Guardianes de la Libertad: medios, corporaciones y gobiernos. Una pequeña porción de la población decide lo que debemos ver. Lo que nos permiten ver, en su mayoría, es basura: debates absurdos, glorificación del escándalo, teorías de la conspiración, polarización. El mercado de la basura es más grande que el del comentario sensato e inteligente. Los medios han pasado de ser fuentes relativamente inofensivas a máquinas cínicas de división. Glorifican la agresividad y hacen virtud de la ignorancia.

Cuando las redes sociales alcanzaron su auge, se pronosticó el fin de los medios tradicionales. No fue así. Las redes pasaron de ser la solución a convertirse en sofisticadas herramientas de vigilancia capaces de moldear la opinión pública mediante algoritmos, noticias falsas y ejércitos de bots. Los medios tradicionales, por su parte, no desaparecieron: migraron hacia modelos similares, donde la atención se convierte en el recurso más valioso.

El RSS y las aplicaciones afines no son la solución definitiva al hartazgo digital, pero sí una alternativa para disminuir su impacto. La verdadera solución está en rechazar el consumo de basura mediática. Si no consumimos lo que no vale la pena, eventualmente los medios deberán ofrecer contenido útil y veraz.

Antes de Twitter (X), antes de las líneas de tiempo algorítmicas, antes del capitalismo de vigilancia, existía RSS. Y ahora que nos alejamos de la web centralizada para volver a la descentralizada, es momento de redescubrirlo, abrazarlo y reclamarlo como nuestro.

¿A dónde recurrir?

Ya no soy el usuario de hace más de una década. Hoy soy más meticuloso y menos ansioso. Aquello de autodenominarme pro, geek o techie hace tiempo dejó de tener sentido: me parecen adornos tecnocentristas de consumo conspicuo y alienante.

Por ello, mi recomendación es sencilla: busca el lector RSS que te resulte más cómodo y grácil para disfrutar tu recorrido digital. Que sea multiplataforma, síncrono, social, con filtros de palabras clave y que permita convertir boletines en feeds RSS.

Lo especial de la época dorada de esta tecnología fue que, en aquel tiempo, los sitios personales y los blogs eran verdaderamente propios, y el RSS era una forma magnífica de capturar esa sensación.

Para concluir: ya no vivimos una pandemia, pero abundan casos como el de mi sobrino. Ojalá este ensayo sirva como un modesto tratamiento.

Sin más que agregar, me despido con aprecio y con la esperanza de que este texto haya sido descubierto a través del feed RSS proporcionado por esta plataforma blog.

Saludos.

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