Webnauta ⁂

Rehén en mi Refugio

Más allá del horizonte IV

Las plataformas de blogs, al igual que un moderno Mefistófeles, representan una era única en la evolución de las novedades digitales. A menudo me siento como el Fausto de Goethe: “un hombre torturado por las ansias nunca satisfechas de un no sé qué”, en una búsqueda constante de la plataforma ideal donde compartir pensamientos, aunque rara vez completamente satisfecho. Un hombre neófilo y, paradójicamente, misoneísta, aferrado a la esperanza de que la época dorada de los blogs pueda regresar, aunque ya no con la misma intensidad.

Mi naturaleza de esperanzado revisionista me impide renunciar a la idea de una plataforma que combine lo mejor de la Web 1.0, 2.0 y 3.0: comunal, descentralizada, segura, de código abierto, sin censura, capaz de redirigir dominios propios y configurar URLs semánticas, con herramientas para construir y retener audiencia, soporte para Markdown, elección de licencias copyleft e integración vía APIs con otros rincones de la web. Una hoja de ruta así puede parecer utópica, pero soñar no cuesta nada. De vez en cuando, vislumbro un atisbo de ello en el firmamento al observar la evolución de ActivityPub.

Las fiebres del oro, como la eclosión de los blogs, comparten patrones culturales similares: frenesí, exploración y conquista. No viví directamente aquellos días pioneros del blogging, pero no dudo que fueron tiempos vibrantes, con una auténtica sensación de frontera digital. En aquel entonces, cualquiera podía reclamar una pequeña parcela en la web, armar su servidor, escribir su propio código y construir páginas desde cero. Nada era sencillo, pero probablemente todo era gratificante.

Con el tiempo, los blogs se masificaron. Grandes barcos y trenes llegaron con equipos de escritores, publicando fragmentos diseñados para viralizarse. El acaparamiento de tierras digitales no se detuvo; los blogs personales fueron desplazados por plataformas comerciales, y las redes sociales tomaron la delantera. Hoy sólo quedan unas cuantas parcelas que operan a la vieja usanza: vestigios de una época que pocos intentan mantener viva. Para quienes aún creemos que los blogs representan la mejor expresión de la promesa original de Internet, aquella etapa inicial fue un vistazo a una red más anárquica, comunal y sostenible, rápidamente sepultada por la lógica del capital y su juego de escala.

Medium y Wordpress.com, a pesar de ser blanco frecuente de críticas, siguen siendo las plataformas más utilizadas. No estoy convencido de que el refrán “al árbol que más frutos da es al que más piedras le tiran” se aplique aquí. Muchas de las críticas son legítimas y constructivas, centradas sobre todo en la falta de propiedad real sobre el contenido y el espacio de publicación. Una propiedad relativa, claro está: en la web, todos somos inquilinos, a menos que instalemos nuestros propios servidores y gestionemos un CMS desde cero. Lo que me hace deducir si un blog es de mi propiedad o no, no es únicamente el acceso al panel de administración, sino la capacidad de construir una relación transparente con los lectores, distribuir sin obstáculos y recibir sugerencias sin fricciones. Si Zygmunt Bauman viviera, probablemente describiría esta situación como un caso de “propiedad líquida”, producto de una tecnología ortogonal: aquella que se usa para un fin sin considerar sus efectos colaterales. A pesar de todo, Medium y Wordpress.com conservan méritos para continuar siendo las plataformas blog de referencia, aunque está lejos de ser la definitivas.

Aun así, a muchos blogueros les sigue emocionando escribir como la primera vez. Sin embargo, esa emoción a veces se ve empañada por el lugar donde escriben: paradójicamente, un refugio que los hace sentir rehenes. El término refugio sugiere seguridad, calidez, privacidad. Pero la historia reciente de la web ha pervertido ese concepto, convirtiéndolo en algo más parecido a una prisión de lujo: cómoda, pero restrictiva. Las grandes plataformas tecnológicas han perfeccionado el arte de retener a sus usuarios. Diseñan entornos envolventes donde, sin darnos cuenta, nos convertimos en cautivos felices. Esa sensación me impulsa a escapar, a buscar alternativas, a convertirme en mi propio liberador ante la falta de voces críticas. Tal vez por eso me identifico tanto con el Fausto de Goethe. O quizá soy más como el niño en feria que describe Schopenhauer en El arte de ser feliz: "tentado de asir todo lo que le apetece al pasar por delante, sin saber cuál de ese todo es la única opción apropiada y realizable".

Una conclusión natural es esta: quien tenga la posibilidad de tener un blog bajo su control, debería optar por él antes que conformarse con una cuenta en redes sociales. Los blogs encarnan los ideales fundacionales de una web abierta. Las redes sociales son útiles para difundir entradas, sí, pero sus cronologías arrastran el contenido como ríos crecidos: lo que se publica, rara vez vuelve a verse.

Me gusta pensar en los blogs como carteras de clientes: por un lado están las carteras consolidadas con mayor margen de éxito, por el otro están las que necesitan ser aperturadas y fortalecidas para progresar. Las plataformas blog con bases de usuarios consolidadas, activas y comunidades vibrantes resultan más atractivas que aquellas en las que el autor debe “picar piedra” para encontrar audiencia.

Una plataforma de blog moderna debería ofrecer, como mínimo: dominio propio, SSL, URLs limpias, estadísticas útiles, herramientas para construir comunidad, desvinculación de cronologías, integración social, y una interfaz amigable para escribir y personalizar sin conflictos.

Opciones hay muchas: desde simples folios en blanco hasta soluciones todo-en-uno. En el proceso de redactar estos ensayos, he explorado más de cincuenta alternativas, de las cuales la mayoría ya no existen o son pueblos fantasma. Es el momento oportuno para valorar el papel de ActivityPub y la importancia de la resistencia sobre la velocidad al momento de elegir la plataforma blog idónea sin relegar lo que en realidad importa, escribir.

Thoughts? Leave a comment